MEMORIA OBJETUAL

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Definimos lo que somos vía nuestros recuerdos, o mejor dicho nuestros recuerdos definen lo que somos. Los objetos forman una parte de nuestra Memoria Sensorial, se convierten en anclas de nuestra pasado y son almacenadores de sensaciones debido a un acto de programación hacia ellos por un suceso o hecho que lo rodeó.

Estas cajas contienen historia de 10 años atrás, son parte de mi pasado y mi presente, son los recuerdos que almacené en contenedores físicos por evitar guardarlos en mi cabeza.

Ahora salen buscando poner todos los tornillos en su lugar y dejar de ser anclas que imiten el proceso de la memoria.

 

Como ausente: obsesión de colección y escritura. / por Oswaldo Ruiz

 

Una caja desplegada, abierta, mostrando los objetos que guarda celosamente, como si mostrara sus vísceras. Una historia que lleva dentro de si, vaciada meticulosamente sobre la mesa, donde la línea narrativa se dispersa y, al final del cuidadoso proceso, todo es fotografiado. Son historias contadas a partir de objetos que se apilan en el interior de esa caja oscura, sin fecha específica, sin orden claro, trozos de historia crípticamente organizados en una distante y ajena taxonomía mnémica.

 

Las fotografías de Gerardo Castillo surgen como inscripciones, como momentos en que la fotografía deja de ser imagen y se convierte en escritura. Pero es esta una escritura cerrada, hermética, que no muestra abiertamente el sentido de su presencia. Se resiste, ante los ojos del espectador, a mostrarse como un claro proceso de catalogación. La escritura que se forma como un alfabeto de objetos-signos, o como tabla periódica de elementos de extraña procedencia, queda abierta a la interpretación. Dicen algo, pero no se sabe qué.

 

En las modificaciones a las que ha sido enfrentada la fotografía en los últimos años, esta se ha alejado cada vez más de su cualidad de ser portadora de verdad,  y ahora un halo de ficción la ronda como un fantasma que la descorazona. Aquella certeza con la que la dotábamos se ha disipado y se ha transformado en una duda que impera ante su lectura, una sospecha la precede. Como toda escritura se ha convertido en literatura, la diferencia es que es esta una escritura que usa la luz como tinta. Literatura lumínica.

 

Es algo de este orden lo que encontramos en el más reciente trabajo de Castillo, surgido de un experimento de identificación de la pulsión escópica en términos de lo fotográfico. Gerardo encontró una relación entre la necesidad abrumadora de crear este archivo aleatorio de momentos cruzados que guardaba cuidadosamente en cajas, y la formación de la imagen fotográfica. Algo se mostraba dice “desde el proceso mismo de abrir la caja”. La memoria se revela en el tejido de relectura que significa sacar los objetos y acomodarlos cuidadosamente a su alrededor. Aquí lo fotográfico viene a configurar un eslabón más en la cadena de revelado de la memoria, el último paso, que “archiva” la imagen del archivo y muestra la anotación de los objetos, su acomodo marcando el orden de aparición, el tiempo desdoblado. Haciendo que todo el sistema consista en la experiencia misma metida en una caja. ¿Pero no es esto lo que se busca con la camera obscura?, ¿no es esta una caja que intenta absorber toda la experiencia de un instante en su interior?

 

Las fotografías que nos muestra Gerardo Castillo tienen algo que es fotográfico antes de presionar el disparador de la cámara. Hacen una síntesis cuyo resultado lógico es una fotografía sólo desde que su estructura es idéntica. En ellas se escribe con un tiempo y un acomodo, donde cada objeto es un signficante, unidad básica de un sistema de lenguaje. Algunas cajas se conformaron por varios años, por ejemplo, la que hace un registro de su relación amorosa; otras, en pocos días, como la que resguarda los objetos encontrados tras el paso de un huracán en el Caribe. Los archivos no se rigen por un tiempo lógico, sino por el tiempo diacrítico de la memoria, cuyo orden está definido por la sucesión de acontecimientos desarrollados en el tiempo. Ante los ojos del espectador estas situaciones sólo se pueden inferir, pero crean una lectura descentrada y flexible, que invita a inscribirse a uno mismo en la historia. La caja oscura se desdobla sobre la mesa y al hacerlo permite un desdoblarse de las posibilidades de lectura de la memoria del espectador, quién encontrará su propia narración diacrítica apoyándose en los objetos que habitan el imaginario del autor. Nos encontramos así ante una experiencia literaria de la imagen.

 

  • Client: TRABAJO PERSONAL / PROYECTO REALIZADO DENTRO DEL SEMINARIO DE FOTOGRAFÍA CONTEMPORANEA DEL CENTRO DE LA IMAGEN
  • Filed under: HISTÓRIAS MÍNIMAS